viernes, 18 de agosto de 2023

Mircea Cartarescu, fragmento de El ojo castaño de nuestro amor


 "Mis padres no han visto nunca el mar. Todos mis abuelos fueron campesinos, tampoco ellos vieron el mar. Tal vez nadie en mi familia haya visto nunca el mar. Tal vez yo sea el elegido, tal vez a lo largo del cuerpo de mi familia haya crecido, con el tiempo, el deseo de ver el mar y haya pasado de generación en generación como ese hilillo negro que sube a través de la carne transparente del cuernito del caracol para, una vez en la punta, convertirse en mis padres y mis abuelos han sido ciegos al color del mar, al igual que no podemos ver los rayos infrarrojos. Y he aquí que a mí se me van a abrir los ojos de repente (…)"



Mircea Cārtārescu, El ojo castaño de nuestro amor (pág. 46)
Tercera edición, diciembre de 2018


Ed. Impedimenta (¡sus libros tan bellos!)
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#literatura #mirceacartarescu #literaturarumana

Flora, agosto 2023


 FLORA

Ya no hay más. ¿La gata comió?¿a qué hora?¿tomó agua?¿cuándo le toca el remedio? No hay más.
Ya no hay más maullidos preguntando, ¿puedo subir?, mientras se lee o se teclea en la compu, o quizás cuando se mira una serie.
Ya no habrá más saltitos furtivos en la cama, de madrugada. Ni esa carita de famélica cuando se abre una latita de atún, porque ese olorcito es el que le gusta a los gatos. Ni roces contra tu pierna, ni maullidos reclamando el llenado del platito, ni uñitas rompiendo el mosquitero porque le encontraron la vuelta para correrlo a un lado y entrar. Ni ronroneos en la falda. Ni un ovillo de pelos en el sillón, o sobre los toallones doblados en el baño, o encima de la almohada. No. El vaso de agua en la madrugada será sin compañía. La casa parecerá más grande aunque ella era menuda.
Y será más silenciosa.
No habrá más arenero, ni pote con agua, ni necesidad de mirar siempre al suelo, porque no hay con quien tropezar. No habrá recibimientos cuando vuelvas, ni rasguños en las puertas. No más peleas de gatos en el jardín defendiendo el territorio, ni sesiones de siestas al sol. No habrá huellas sobre la mesada ni sobre la cocina. No habrá en verano pelos por toda la casa. Nadie pedirá con su patita un poquito de ese mendicrim que hay en la mesa del desayuno. No habrá más mimos porque sí. No se pasearán patitas sobre el techo y no se merodeará la medianera provocando al perrito del vecino. La sentada en el ventanal para ver qué se cocina. La siesta sobre el techo del garage de al lado. La carrera enloquecida para trepar el árbol como una proeza y observar si alguno habíamos mirado. Zambullirse en los cúmulos de hojas secas del otoño, combatir con un tatadios en los veranos, observar de cerca las mariposas, eventualmente comer una de ellas. En cuántos de los textos que escribo hay una mujer con una gata.
La primera noche sin nuestra gata está comenzando. Es primero de agosto de 2023, hay una luna llena brillante y grande. La gata está enterrada en el jardín, sigue aquí con nosotros que la extrañamos. Andamos en silencio, hablamos de otras cosas, cada uno llora a solas.
Las cosas que nos despiertan las mascotas. Nos acostumbramos a ellas casi enseguida, se hacen parte natural de nuestros días. Van y vienen, están, aparecen, interactuamos, nos dan cariño, les damos nuestro amor y nuestro tiempo. Se nos parecen en algo, se adaptan a nuestras maneras. Están, Cuando dejan de estar nos quedamos un poco rotos. Y ellos ni se imaginan cuánto.

Sabiduría ancestral

  Ramitas cortadas. Cerca del liquidámbar está el pasto salpicado de ramitas cortadas. Las palomas traman su nido cada día otra vez incansa...