domingo, 21 de enero de 2024

Fotos

 Es un concierto de chicharras afuera, la tarde de calor aplasta y estoy sentada con apenas una luz amarillenta entre libros pero encuentro el sobre de papel madera con las fotos. Otra vez las fotos. Ni las tiro ni las guardo con las demás. Las otras tampoco están todas en un mismo lugar. Hay álbumes, sobres con fotos y negativos dispersos por todos lados. Cajas con fotos mezcladas. Otras seleccionadas que alguna vez pensé que enmarcaría ordenadas en un sobre blanco, grande, ya no tan blanco, con manchitas como de óxido, de cuando trabajaba en el consultorio. Fotos sueltas, algunas rotas, con personas arrancadas de las que solo queda el rastro de un brazo, el borde de un saco azul, o el recuerdo de saber que estaban ahí en una de esas sonriendo también, alguna vez, hace mucho. Algunas viejas navidades, gente que allí estaba y que ya no está en este mundo. 

Fotografías en blanco y negro que encuentro ordenando la biblioteca, entre medio de los libros mientras intento poner cierto orden en este caos de libros; nunca lo logro. Al final siempre me distraigo y termino ordenando un poco pero después se me pasa el tiempo viendo fotos que guardo para no perder el tiempo en verlas mil veces y que después vuelvo a encontrar. Así siempre. Por qué no las tiro. Las del sobre de papel madera no son mías. Me las había dado una compañera de trabajo, me pidió que se las guardara. Nunca le pregunté por qué. No era asunto mío. Me las dio esa tarde en una confitería. Después se fue. Después me fui del trabajo, después ella se jubiló, me mudé a Córdoba, fuimos perdiendo el contacto y ya no nos vimos ni supimos de la otra. Hace casi cuarenta años que no la veo. Debería tener como noventa años, ella. El sobre sigue ahí, supongo que son fotos, nunca supe. Hay álbumes que separo, pero siempre terminan volviendo a alguno de los estantes. Yo no sé cómo. Agrupo libros, ordeno, al menos intento. Quito el polvo a las superficies de las hojas con un cepillo. Separo y apilo títulos en cajas, paso un trapo al estante con un lustramuebles, cierto que la madera podía relucir así. Aparto libros para donar. Me hundo en el sillón desvencijado que un día me va a tragar, sé que terminará ocurriendo, que a nadie engañe haciéndome la sorprendida, porque lo sé. Me hundiré en ese sillón. Abro un pequeño álbum azul, ya sé que hay. Fotografías pequeñas, tan viejas, fotos con mi papá, en blanco y negro, con los bordes dentados. Tomadas en una playa. En el Italpark. En el Tigre. De la playa algo me acuerdo, un cangrejal sobre un puente. Me quedo viendo las fotos con una lupa enorme. Me quedo horas. Cae la tarde. Me pierdo en detalles. Cada foto me lleva un rato tan largo. Cuando las vuelvo a guardar en algún estante ya es de noche. Vuelvo a la realidad como desde otro lugar y otro tiempo. Repleta de pasado, con apenas un poco más de orden. 


Katy Herendi (2024)







lunes, 15 de enero de 2024

Leyendo a Peter Orner

 Suena el mar, retumba, se estrella a mis espaldas. Leo un segundo libro de Peter Orner. Dice, acumulo fragmentos, lo dice en alguna de las partes de esos textos. Acumulo fragmentos, dice él. Me identifico con eso. Es un escritor que crea una red. Una red en la que me gusta enmarañarme. En estos dos libros que leí habla sobre libros que leyó; también sobre otras cosas. Habla sobre los libros con los que anda por todas partes. Y sabés de qué te está hablando. Cuando un autor te contagia las ganas de leer a otro lo valoro inmensamente. Me gusta eso de los autores, la generosidad, cuando te ofrecen una experiencia de lector, de futuro y posible lector de eso que menciona. Te invita a leer más. Nombra una cantidad de autores, a muchos no los conozco. Los anoto en la última hoja del libro para tenerlos en cuenta. Es espectacular el modo en el que toma partes del texto y los vuelve más reales todavía. Escenas que lee, que lo impactan, que lo dejan pensando. Les imagina un antes o un después, o un porqué y un además. Piensa en personajes creados por otros. Qué hizo antes, cómo sintió cuando, qué habrá pensado después de. Escribe eso. Como un ¿y si…? Algo así. Es bien interesante, tiene tantos recursos en su cabeza. Me recuerda a algunas personas con las que hice talleres, así de generosas también. Despiertan ganas de ir corriendo a escribir. 

Yo también acumulo fragmentos, quién no, los que escribimos tenemos esa manía. Desperdigamos fragmentos en todas las superficies en las que uno puede escribir, imágenes, pensamientos, algo que vimos, o nos acordamos, o escuchamos, un invento, una palabra, un olor, un color. Imágenes que queremos contar y a veces quedan perdidas, se traspapelan en los días. Se pierden. Mientras estoy acá en la playa dejo de leerlo un poco para pensar. Cierro los ojos. Escucho las toneladas de agua que se estrellan en olas; abro los ojos y las miro y las veo venir; escalones de espuma que se desarman en la playa en un día tan celeste sin viento. Cuando escribo esto es primavera, está fresco, translúcido, el aire entra frío a la nariz, mi cara está arrebatada de sol, Es un día de primavera diáfano, tan bello tan celeste que dan ganas de llevárselo en una bandeja a alguien muy querido solo para compartir. Los gorriones confianzudos me miran, son muchos, corretean en la arena, dan pequeños saltos, vuelan. Vuelan tan cerca que pienso que se van a chocar conmigo en cualquier momento. Me dan ganas de escribir sobre los gorriones también. De a poco va llegando más gente a la playa. Se acomoda también detrás del médano buscando lo tibio de la arena. Todos tomamos sol vestidos pero alguno al rato se anima a tomar sol sin remera. Por ahí hay un perro, gaviotas, todo ocurre cerca. Cerca y lejos. No sé a quién contarle esto que me pasa cuando leo estos textos. Por eso lo escribo.  


 Katy Herendi, 2023



Sabiduría ancestral

  Ramitas cortadas. Cerca del liquidámbar está el pasto salpicado de ramitas cortadas. Las palomas traman su nido cada día otra vez incansa...