domingo, 19 de enero de 2025

La niña y el ángel (2)

 

Lleva caracoles en los bolsillos. Sus tesoros del verano. Cada uno tiene el nombre que la niña les puso. Solo ella los conoce. Quizás deje a Imelda, la estrella de mar, para el ángel que todos ven de piedra, y que volteó la tempestad. La niña sabe bien que a los ángeles les gustan las estrellas y que las estrellas de mar anhelan ser parte del cielo. La niña también sabe que ni el ángel ni los caracoles, tampoco el que ella llama Imelda, carecen de corazones, dos que laten tibios, tan suaves que nadie los puede percibir. Por eso los obsequios. Para el ángel Imelda y para Imelda el ángel.

Katy Herendi, 2025
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Imagen de Pinterest (no menciona autoría)

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sábado, 18 de enero de 2025

La niña y el ángel (1)


 Pequeña, de pie  junto a la fuente mira fijo al ángel que está caído en el medio. Mira las alas entre el cúmulo de fragmentos de cemento. Un ala  rota.  Lo cubren las ramas, algo de óxido de hierro  asoma como una herida expuesta.  Los  labios de la niña susurran, Pobrecito. Ahora cómo podrá volver a volar. La madre la toma de la mano,  casi la arrastra hasta la calesita de la plaza. La niña se suelta de la mano urgente de la madre y vuelve a la fuente. Mira cómo quedó  repleta de  las ramas desprendidas por la tormenta,  mira al ángel caído cubierto de ramas y piedras,  un poco todavía se ve. Duerme, piensa la niña. El ángel está dormido, dice en voz alta la niña. Es un milagro que  esté entero, dice la madre. Es el  ángel de mi plaza, dice la niña,   le van a volver a crecer las alas, ¿no mami? Seguramente, dice la madre.   La niña sonríe. El ángel también sonríe. 


Katy Herendi, 2025


Ilustración: Cicely Mary Barker 


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Sabiduría ancestral

  Ramitas cortadas. Cerca del liquidámbar está el pasto salpicado de ramitas cortadas. Las palomas traman su nido cada día otra vez incansa...