Ramitas cortadas. Cerca del liquidámbar está el pasto salpicado de ramitas cortadas. Las palomas traman su nido cada día otra vez incansablemente. Las veo ir y volver. Las veo haciendo equilibrio entre los postes sobre los cables. Las veo cuando me miran si me detengo bajo el follaje a tratar de encontrar entre las hojas el progreso de su obra. Buscan ramas, las seleccionan, se toman el tiempo, las cortan. "Con el pico cortaba la rama, con la rama cortaba la flor", decía esa canción. Regresan y entretejen. Más de una vez el follaje abigarrado más el viento les juega una mala pasada, la rama elegida cae al vacío. Nunca recogen la rama caída. Buscan una nueva.
Un par de calandrias les compiten el lugar, pero de algún modo llegan a un acuerdo, se reparten un árbol para cada pareja. En el liquidámbar del este se instalan las calandrias. En el otro, el que mira al sur, continúan construyendo las palomas.
A veces un temporal tira alguno de los nidos. Quedan sobre el pasto cerca del árbol intactos, perfectos. Vacíos. En los días siguientes, una mañana, el pasto vuelve a cubrirse de ramitas cortadas para un nido nuevo. Todos los años es el mismo ritual. Regresan a estos árboles que eligieron una vez.
Ramitas, un repentino batir de alas y trinos. Artesanos ancestrales de la naturaleza.
Katy (2025)
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