Comparto mi cuento, Quizás escribe palomas, publicada en la Revista Literarte.
Te invito a leerlo.
Te dejo el link 👇
Comparto mi cuento, Quizás escribe palomas, publicada en la Revista Literarte.
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La gata se hace un lugar, pisa tanteando y se acurruca en el hueco que forman tus piernas. Descubre el mate. Olisquea. Se va. Estás con tu libro abierto, al sol. Un momento para disfrutarlo por entero. Mirás el verde que te rodea. Plantaste hijuelos de bulbines, diez, once. Los rodeaste con fragmentos de los troncos del ginkgo biloba que todavía te apena haber tenido que quitar. Y a pesar de que está tirado sobre el pasto, a lo largo, desde hace meses, brota. Te duele más. La gata se afila las uñas ahí. Tomás mate, empezás el cuento otra vez. Hay tanto viento. Mirás si las piedras que colocaste no se van a volar. No. No volarán. Anunciaron tormenta para la noche y ráfagas. Basta con tantas estupideces, son pesadas y no se van a volar. Abrís el libro. Quedan bien ahí los bulbines. Pronto cubrirán todo ese espacio y darán sus florcitas naranjas. Mirás el libro. Leés el título del cuento. Volvés atrás unas páginas para recordar el autor. Ah, claro. Sí. El señor de al lado sale a su jardín y a través de la ligustrina algo escasa te descubre sentada al sol y pregunta a modo de saludo si estás sentada al sol. Con que le respondas Hola, solamente, será más que apropiado. Ya se va a dar cuenta de que estás leyendo. Empezás a leer. Un ruido llega del lado noreste. Por el cielo. El sol te ciega. Parece una avioneta vieja. Por el ruido. Una avioneta de guerra, pensás. Las de guerra modernas no hacen tanto ruido. Y qué sabés vos de avionetas. El encendedor no funciona más. Vas a encender tu cigarrillo a la cocina, con los fósforos. Tu hijo te pregunta si falta mucho para almorzar. Le respondés que no, que enseguida vas a calentar la comida, que estás leyendo algo, un minuto nomás. Volvés al jardín. La gata se acostó sobre tu suéter. Levantás el libro, lo abrís. Ya no sabés si ponerte a leer. Tenés que preparar un almuerzo.
Tempestuoso, versátil, verde. A veces gris. El mar copiando el color del día. Las olas se recuestan en la arena de la playa en escalones espumosos. El viento salado se adhiere a la piel. Verde, el mar. Verde claro, verde musgo. Bravo y también manso. Una lluvia fina sobre la arena. Apenas un chispeo.
La escollera suelta una bandada de gaviotas. Una se queda en el aire quieta, suspendida ingrávida imposible. Vuela sobre mí, se posa en la arena. Muy cerca. Apenas respiro para no asustarla. Cauta, da pasos cortos. Sus patas rojas. La observo. Es perfecta. Bella. Tiene dos botones de nácar para verme. Tres perros corren. La espantan.
El viento cambia de dirección, se queda con los sonidos.
Deja silencio.
Silencio entre las rocas y la arena fría.
El mar es también éste silencio.
Este movimiento de olas sin sonido. Un paisaje gris y lento detrás de un vidrio.
El mar se rompe en las olas de silencio. Se despedaza con furia. Emerge entre las piedras, altivo, en espumarajos sucios de algas.
Katy
(2016)
#mar #escritura #instantes #literatura #papeles sueltos #katyherendi
Ramitas cortadas. Cerca del liquidámbar está el pasto salpicado de ramitas cortadas. Las palomas traman su nido cada día otra vez incansa...