Tempestuoso, versátil, verde. A veces gris. El mar copiando el color del día. Las olas se recuestan en la arena de la playa en escalones espumosos. El viento salado se adhiere a la piel. Verde, el mar. Verde claro, verde musgo. Bravo y también manso. Una lluvia fina sobre la arena. Apenas un chispeo.
La escollera suelta una bandada de gaviotas. Una se queda en el aire quieta, suspendida ingrávida imposible. Vuela sobre mí, se posa en la arena. Muy cerca. Apenas respiro para no asustarla. Cauta, da pasos cortos. Sus patas rojas. La observo. Es perfecta. Bella. Tiene dos botones de nácar para verme. Tres perros corren. La espantan.
El viento cambia de dirección, se queda con los sonidos.
Deja silencio.
Silencio entre las rocas y la arena fría.
El mar es también éste silencio.
Este movimiento de olas sin sonido. Un paisaje gris y lento detrás de un vidrio.
El mar se rompe en las olas de silencio. Se despedaza con furia. Emerge entre las piedras, altivo, en espumarajos sucios de algas.
Katy
(2016)
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