lunes, 22 de mayo de 2023

papeles sueltos

Una semana de días frescos, de caminatas, de escritura, de lluvias, por suerte de lectura también. A veces Candy Crush,  ¿seré la única que volvió a jugar a ese jueguito adictivo? Terminé de leer un libro de cuentos de Ann Beattie, empecé la última novela  de Maggie O´Farrell,  me esperan cuentos de  Brandon Taylor. No lo conozco, ya lo conoceré. Qué ansiedad de leer todo, todo junto, todo el tiempo. Me gusta leer, y  más me gusta en otoño. O me gusta el otoño y me gusta leer,  las dos cosas al unísono es un buen programa. Quizás diré algo parecido en primavera y en verano. 
Pero me gusta mucho el otoño; no el frío. Esta semana tuve frío.  Ya ando de pulóveres. Uno encima del otro. Anduve incursionando en entretenidas y sorprendentes conversaciones con la inteligencia artificial. 
También averigüé dónde puedo donar libros. No en todos lados aceptan. Al fin encontré un lugar, ahora tengo que sacudir las bibliotecas. No me gusta eso pero necesito lugar para otros libros, y soltar los que ya hay como dicen. Que otros también los disfruten. Es así. 
Encuentro cosas en los libros. Ayer encontré un austral. Casi nuevo. Un dibujito de mi hijo mayor, que ya es papá. Y anotaciones, borradores, siempre escribí notas en papeles sueltos o al final de los libros que después olvido. Los voy encontrando. Por ejemplo: “"un ruido como de algo que empieza a caer, imagino piedras cayendo sobre  un montículo de piedras. Piedritas. Me asomo a la ventana. Es el viento moviendo las ramas más altas de un  árbol, una especie de palmera, palma de jardín le dicen,  están secas las hojas. Un ruido seco. Ese es el ruido cuando el viento mueve esas hojas secas parece la descarga de un camión lleno de piedritas".  
Ese tipo de cosas


kh

#papeles sueltos #algocomoundiario #mispapelesdispersos
#escritura


sábado, 20 de mayo de 2023

Humo

 


La chimenea del vecino exhala el humo de las maderas ardiendo en el hogar. La hilera de humo perfuma el aire de esta manzana donde vivimos, se eleva en una bocanada larga,  sin dudas tibia, lenta, subiendo a perderse en el cielo de esta hora, desmayado, de un color inciertamente azul, con lo que queda de lo celeste de la tarde. 

Hacia el norte, el satélite al que busco y encuentro todas las noches termina el recorrido que puedo ver y después de unos minutos  se hunde en la  oscuridad del cenit. 

Creo que el humo de la chimenea y el satélite se encontrarán por ahí.  A lo mejor el satélite ahora está impregnado del olor a la madera del hogar de mi vecino. 



Katy Herendi (2023)


lunes, 15 de mayo de 2023

Otoño y gatos

 Camino. Alrededor todo parece tener un movimiento coordinado como un ballet. En el aire caen las hojas que se van desprendiendo de los árboles. Otoñadas, rojas. Furiosamente rojas o amarillas o doradas. Ocres, bronces, todos los colores  del otoño: marrones,  cremas, grises. Alrededor viene volando una mariposa.  Es raro eso pero viene volando y se cruza volando delante de mí en una forma casi oblicua y es un insecto precioso anaranjado como las hojas que caen. Parece una hoja más, que se resiste a tocar el suelo. Pasa de un lado al otro muy cerca. Viene de un lugar más alto, seguro de alguna flor  de aquel árbol tomado por una bignonia naranja espectacular y de allí vuela hacia un lugar más bajo justo delante de mí. Es una mariposa grande. Está como borracha de néctar y casi nos tocamos. La veo pasar pero no me detengo. Después veo su sombra pasar una vez más pero ahora está detrás de mí; es tan grande que se dibuja su sombra en el suelo junto con la mía y mientras la miro, y veo  sus movimientos que pasan, una brisa muy leve, muy leve, hace que las hojas amarillas del otoño, las hojas amarillas de un paraíso caigan como un manojo repentino haciendo más abundante la alfombra  que ya se formó a los pies del tronco. 

Me cruzo con los dos gatos idénticos en el mismo lugar de siempre. Ellos se acercan y me siguen, no siempre lo hacen, no siempre los veo, pero cuando nos encontramos repetimos  rituales, las mismas acciones. Maúllan para saludar, como si reclamaran su derecho a ser mirados. Hay varios gatos en mi circuito de caminatas diarias. Algunos me observan a distancia, otros decididamente se acercan. Quizás sienten que tengo gatos,  que sé acercarme a ellos. Con delicadeza,  sin movimientos bruscos. Algunos son atrevidos, uno en especial que se acuesta en el medio de la calle para que lo acaricie, sino no me deja seguir. Después camina junto a mí unos pasos y desaparece como un discípulo del gato de Cheshire. Hay dos que me miran desde un árbol, en una esquina, maúllan para ser vistos,  maúllan hasta que me acerco, pero no solo no se deciden a abandonar el árbol sino que  cuando me acerco demasiado, suben más el árbol. Hay otro gato que se entrecruza entre mis pasos, tengo que ir atenta para no caerme, ya sé por dónde puede aparecer. Después de su gracia se queda sentado en el borde del pasto de la calle.  Vuelvo a casa y mi gata espera en el jardín. Mi gata está enferma ahora. De repente algo que creímos menor es lo peor. Y está vieja y está mañosa. Pero sigue siendo tan compañera como siempre fue. Se sienta cerca, siempre lo hace. Si junto hojas, si saco yuyos, si estoy leyendo, si tomo mate, si miro una película. Las veces que me tocó estar en cama por un resfrío o algo, ella estaba ahí también, hecha un bollito. Ahora llora muchas veces en el día, fuerte, para pedir cualquier cosa: entrar o salir o comer. Todo lo reclama con la misma intensidad urgente. Y a veces grita. Come con voracidad, no tiene fuerza para saltar y se cae de costado, sin fuerza. Pero come, salta aunque se caiga, camina, y si se va de costado sigue caminando. Está ciega de un ojo también. Sin embargo, no deja de hacer. Sale al jardín, se gruñe con otros gatos de jardín a jardín, mira, sentada detrás del portón, cómo le ladran los perros. Toma sol. Duerme al sol, como el libro de Bioy. Duerme en los mejores lugares. Siempre tuvo esa característica, está como en pose, como una modelo para ser retratada. O en medio de las lavandas, o a un costado entre las suculentas, con la cara entre medio de cualquier manojo de flores recién abiertas. Tiene un don para posar.  Si hubiera visto a la mariposa que yo ví hoy seguro hubiera intentado comerla. Antes hacía eso. Ahora solo las mira, se apresta a cazar, pero no tiene suerte, ni fuerza.

Mañana si no llueve, y no parece que fuera a llover, repetiré el mismo recorrido con ligeras variantes. Es como ir a misa. Es mi comunión con la naturaleza. Cada vez la disfruto más. Cada vez nos entendemos mejor. Nunca deja de maravillarme. Por suerte. 



Katy Herendi



#otoño #mujeresqueescriben "misgatos "naturaleza



lunes, 8 de mayo de 2023

A modo de diario.


En un solo día quedó sin hojas. Ni una sola hoja en una sola hora de mucho viento. El fresno otoñado hacía que la calle estuviera iluminada como si tuviese corona, una de oro, un sol propio a la altura de las manos. Había que estirarlas, estirar las manos hacia arriba, hacia ese sol, hacia esos pedacitos de sol que se podían desprender si uno se estiraba y tocaba las ramas. La redondez de la copa, todas las hojas amarillas, que eran muchísimas y cubrían hasta la mitad de la calle y un poco más, como un tinglado. Todas y de golpe se cayeron, por el viento que vino a sacarnos ese sol que nos había ocurrido. La luminosidad del amarillo puro, más amarillo imposible, como una puesta en escena, algo que uno no podía dejar de mirar. Los ojos solos iban ahí al espectáculo de oros y se quedaban prendidos en el reflejo dorado como mariposas obnubiladas. Ahora, tras el revoloteo del viento, quedó el árbol pelado, quieto. Como el esqueleto de una garra. Ya el viento no empuja nada. Tampoco hay viento ya. Y no hay nada que empujar.


Katy Herendi
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#diario #otoño #escritura #escrituradiaria #literatura

Sabiduría ancestral

  Ramitas cortadas. Cerca del liquidámbar está el pasto salpicado de ramitas cortadas. Las palomas traman su nido cada día otra vez incansa...