La chimenea del vecino exhala el humo de las maderas ardiendo en el hogar. La hilera de humo perfuma el aire de esta manzana donde vivimos, se eleva en una bocanada larga, sin dudas tibia, lenta, subiendo a perderse en el cielo de esta hora, desmayado, de un color inciertamente azul, con lo que queda de lo celeste de la tarde.
Hacia el norte, el satélite al que busco y encuentro todas las noches termina el recorrido que puedo ver y después de unos minutos se hunde en la oscuridad del cenit.
Creo que el humo de la chimenea y el satélite se encontrarán por ahí. A lo mejor el satélite ahora está impregnado del olor a la madera del hogar de mi vecino.
Katy Herendi (2023)
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