Pequeña, de pie junto a la fuente mira fijo al ángel que está caído en el medio. Mira las alas entre el cúmulo de fragmentos de cemento. Un ala rota. Lo cubren las ramas, algo de óxido de hierro asoma como una herida expuesta. Los labios de la niña susurran, Pobrecito. Ahora cómo podrá volver a volar. La madre la toma de la mano, casi la arrastra hasta la calesita de la plaza. La niña se suelta de la mano urgente de la madre y vuelve a la fuente. Mira cómo quedó repleta de las ramas desprendidas por la tormenta, mira al ángel caído cubierto de ramas y piedras, un poco todavía se ve. Duerme, piensa la niña. El ángel está dormido, dice en voz alta la niña. Es un milagro que esté entero, dice la madre. Es el ángel de mi plaza, dice la niña, le van a volver a crecer las alas, ¿no mami? Seguramente, dice la madre. La niña sonríe. El ángel también sonríe.
Katy Herendi, 2025
Ilustración: Cicely Mary Barker
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