Un camino serpenteante, dos pares de pies que dejan huellas suaves, las únicas. Bajan desde lo alto del médano, se pierden bordeando el agua, las pequeñas olas. Temprano por la mañana la playa lisa, planchada por la marea nocturna, con montoncitos de espuma sucia que la brisa despedaza, apenas entibiada por el sol recién salido, espera las huellas y las conserva, únicas y fundantes del día nuevo, solitarias hasta que la marea de turistas se apodere del lugar.
Todas las mañanas todo vuelve a empezar, se baraja y se vuelve a dar, el diseño es casi igual. Una pizarra inaugural.
Las gaviotas miran. Las pisadas comienzan temprano.
Katy Herendi, 2024
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