Suena el mar, retumba, se estrella a mis espaldas. Leo un segundo libro de Peter Orner. Dice, acumulo fragmentos, lo dice en alguna de las partes de esos textos. Acumulo fragmentos, dice él. Me identifico con eso. Es un escritor que crea una red. Una red en la que me gusta enmarañarme. En estos dos libros que leí habla sobre libros que leyó; también sobre otras cosas. Habla sobre los libros con los que anda por todas partes. Y sabés de qué te está hablando. Cuando un autor te contagia las ganas de leer a otro lo valoro inmensamente. Me gusta eso de los autores, la generosidad, cuando te ofrecen una experiencia de lector, de futuro y posible lector de eso que menciona. Te invita a leer más. Nombra una cantidad de autores, a muchos no los conozco. Los anoto en la última hoja del libro para tenerlos en cuenta. Es espectacular el modo en el que toma partes del texto y los vuelve más reales todavía. Escenas que lee, que lo impactan, que lo dejan pensando. Les imagina un antes o un después, o un porqué y un además. Piensa en personajes creados por otros. Qué hizo antes, cómo sintió cuando, qué habrá pensado después de. Escribe eso. Como un ¿y si…? Algo así. Es bien interesante, tiene tantos recursos en su cabeza. Me recuerda a algunas personas con las que hice talleres, así de generosas también. Despiertan ganas de ir corriendo a escribir.
Yo también acumulo fragmentos, quién no, los que escribimos tenemos esa manía. Desperdigamos fragmentos en todas las superficies en las que uno puede escribir, imágenes, pensamientos, algo que vimos, o nos acordamos, o escuchamos, un invento, una palabra, un olor, un color. Imágenes que queremos contar y a veces quedan perdidas, se traspapelan en los días. Se pierden. Mientras estoy acá en la playa dejo de leerlo un poco para pensar. Cierro los ojos. Escucho las toneladas de agua que se estrellan en olas; abro los ojos y las miro y las veo venir; escalones de espuma que se desarman en la playa en un día tan celeste sin viento. Cuando escribo esto es primavera, está fresco, translúcido, el aire entra frío a la nariz, mi cara está arrebatada de sol, Es un día de primavera diáfano, tan bello tan celeste que dan ganas de llevárselo en una bandeja a alguien muy querido solo para compartir. Los gorriones confianzudos me miran, son muchos, corretean en la arena, dan pequeños saltos, vuelan. Vuelan tan cerca que pienso que se van a chocar conmigo en cualquier momento. Me dan ganas de escribir sobre los gorriones también. De a poco va llegando más gente a la playa. Se acomoda también detrás del médano buscando lo tibio de la arena. Todos tomamos sol vestidos pero alguno al rato se anima a tomar sol sin remera. Por ahí hay un perro, gaviotas, todo ocurre cerca. Cerca y lejos. No sé a quién contarle esto que me pasa cuando leo estos textos. Por eso lo escribo.
Katy Herendi, 2023
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