sábado, 1 de octubre de 2022

Punto rojo todo Marte

 

  

Estoy mirando Marte ahora mismo. Todo Marte. Es la hora en la que la vía láctea se estira,   se acomoda sobre el techo de mi casa, como un gato. Entre todas las estrellas y planetas níveos, Marte,  tan rojo. A veces rosado;   casi nunca.

Alguien,  allá, podría estar viendo toda la Tierra, ahora mismo, y  en la noche marciana, púrpura y luminosa, piensa: Ella, tan celeste. Imagino que sí. Que es casi seguro que ocurra. Y Alguien me imagina, lejos, envuelta en la luz azul del planeta. Estamos quietos, en nuestros pensamientos nocturnos,  escuchando la brisa. Se mueven despacio unas ramas del pino. Marte está detrás, entre lo oscuro del follaje, o entre medio, lo pierdo, lo encuentro, me marea un poco. Entre las ramas mentoladas nos miramos a no sé cuántos millones de años luz; un montón de espacio.   Con un dedo,  nos dibujamos contornos a nuestras  bocas en el cielo nocturno. En el medio de la noche hago un hueco con mis manos a los costados de mi boca,  rogando que nadie de los que duerme me escuche. y grito un susurro: Te amaría.  ¿Te amaría? 

Por qué no. 


Quizás las ondas del sonido de mi voz lleven mi deseo,  mi amor declamado, nocturno y sin sentido, a Alguien de Marte. No puedo saberlo.  Mi amor puede tardar en llegar,  algunas horas tal vez, o meses;  mi voz no es tan fuerte. Para cuando lleguen a destino puede ser que mis palabras lleguen desordenadas.  Ojalá se entienda lo que quiero decir,  para no estar repitiéndonos frases tontas como ¿Qué me dijiste…?, y malgastar tantos años luz. Porque mi voz carga no sólo con mi deseo y mi amor fugaz, sino con  un despilfarro de entendimientos ambarinos, eternos, está repleto de amores imposibles que pongo a salvo allá, a kilómetros de distancia.

Es probable que uno de los dos sufra. No quiero decir quién.


Un avión cruza el cielo;  una de sus alas pasa tan pero tan, tan cerca del planeta rojo que por poco...,  me quedo muy quieta con la nuca plegada para ver la catástrofe que no ocurre.   Marte sigue ahí apacible, metódico, sin ninguna intención de descollar en lo azul, no. Es un rubí, un planeta como un coral.  Si lo miro mucho tiempo parece que cambia de posición; algo vivo allá, lejos, juega conmigo. Algo que me sabe rondando la noche cubre de hilos purpúreos y estelares esta soledad tierna de la que emerjo; casi tan roja como Marte. 

Y casi sin necesitar ninguna otra cosa más, todo mi amor sigue en viaje, encapsulado. 



©Katy Herendi

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Sabiduría ancestral

  Ramitas cortadas. Cerca del liquidámbar está el pasto salpicado de ramitas cortadas. Las palomas traman su nido cada día otra vez incansa...