Planean sostenidas por las corrientes de aire. Quietas, en perfecto equilibrio. Los enormes ojos inmóviles. Las alas muy abiertas enfrentando el mar a pocos metros de mí, a pocos metros del manto tibio dorado del cúmulo de residuos de rocas milenarias, minerales, fragmentos de caracoles marinos, restos de antiguas embarcaciones, materia orgánica que se escurre como nada entre los dedos. Los pequeños fragmentos dorados. En vuelo se levantan las gaviotas de la arena, enfrentan la marea de viento que las empuja, que las sostiene, que las invita a dar un giro. Vuelan hacia las nubes. Escandalosas. Las extendidas alas blancas, que de tan blancas parecen pintadas se funden en el fondo blanco de nubes. Ya no se oyen, ya no se ven más las gaviotas, solo algún punto negro, las hermosas cabezas, y enseguida nada. Solo el cielo. Vacío de gaviotas.
Katy Herendi, 2023
(imagen, Pinterest)

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