Oleadas de vapor. El paisaje que sospecho apenas esbozado tras la neblina. Jugamos dentro de una nube, la niebla oculta parcialmente el paisaje que nos rodea. Apenas vemos. Los relieves se desdibujan. Un vacío; como si más allá de estos pocos pasos a los que nos atrevemos el mundo se acabara, como si no hubiera más nada. Todo es incierto, oscuro, húmedo. Pero el mar se oye. El viento que viene del mar tiene un modo distinto de comunicar. Trae voces ancestrales, indescifrables. No sé si con algo de fe. Ojalá traiga eso, algo de fe.
Katy Herendi, agosto de 2026
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