Corta su porción en rectángulos perfectos, con precisión quirúrgica.
Come la porción de pan que se ha servido. Imagino que del mismo modo cuando come brie corta el pan. Los higos. El melón.
A él nada se le deshace. Nada se le desmigaja.
Come un pan.
Levanta la porción del plato hasta la altura de sus ojos. Observa. Huele. Rota. Cierra los ojos. Huele otra vez. Coloca la porción dentro de la boca, sobre la lengua un poco elevada. Come algo único y sagrado. Delicioso y húmedo. Algo que se ofrece aromático y vigoroso. Pareciera que frente a él los alimentos se nimbaran. Nosotros lo observamos. Él ni nos mira. Come como si en torno a él se levantara un domo. Algo que lo aisla de los simples mortales. Todo es un manjar deseable cuando él es quien come, aunque todos tengamos servidos la misma cosa en el plato y estemos comiendo juntos en medio de este bullicio.
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