jueves, 30 de marzo de 2023

30 de marzo de 2023

 Media hora caminando con los auriculares puestos.  Una bandada de loros rompe el silencio con sus chillidos,  los busco. Busco entre las ramas mientras sigo caminando,  miro alrededor ahora que el silencio vuelve a instalarse. Miro otros árboles, sobre un techo. Los vuelvo a escuchar. Mi búsqueda encuentra el escándalo sobre un pino, arriba de todo. Dos loros contra un cielo increíble,  profundamente celeste, solo dos. Cómo pueden hacer tanto escándalo solo dos pájaros. Me bajo los auriculares para escuchar mejor y mirar a los loros. Me detengo, no veo a nadie. Alrededor el viento mueve todo el follaje abundante que me circunda. Entonces me doy cuenta que había olvidado darle play al podcast. Me llama la atención  porque no me pasa, nunca me olvido. Escucho cuentos mientras camino como hay gente que le gusta escuchar música mientras camina. No dejo de hacerlo hasta que el cuento termina. También escucho música pero ahora estoy en una época en que prefiero escuchar cuentos, o entrevistas a escritores. Pero hoy no escuché nada de eso. Escuché los loros. Sigo la caminata sin voces. Voy rodeada del otoño nuevo. Se repiten los ciclos, las etapas, como hitos de un juego de mesa. Otoño es como empezar el año de verdad. Ahora bajó un poco la temperatura,  se duerme  mejor. En las entradas de las casas se acumulan con prolijidad  las montañas de hojas crujientes. Todavía hay mucho verde alrededor como en el verano, después de todo terminó recién hace días. Camina en el silencio del barrio. Me gusta el silencio, la naturaleza, este día sin agobio y casi no ver a nadie;  solo me cruzo con un vecino, de lejos pero no tanto, nos saludamos  con la cabeza, ese movimiento ligero. Camino escuchando el viento, de pronto hay un poco más de viento y se nubla. Hay tramos del camino donde el viento se siente más fuerte. Hay un hermoso susurro vegetal. Cada árbol tiene su propio sonido, cada árbol deja pasar el viento transformándolo en un sonido diferente.  Algunos parecen suaves panderetas, otros son como aplausos ligeros, otros interpretan el sonido del mar.  Cada uno tiene su manera de transformar el viento en  sonido, aunque no sea mucho el viento;  hay otros que no hacen nada con el viento, que simplemente lo dejan pasar, bailan con él, se ven apenas sacudidos, y es a veces como un susurro, como un silbido, como nada. 

Hay toda una promesa de verdes alrededor para desprenderse de las ramas y  convertirse en oro. Para tapizar las calles, los jardines, las veredas de dorado,  un tiempo nuevo de esperanza color cobre. El bello otoño luego del tórrido verano.  Un tiempo que ofrece calma. Ojalá. 





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