Me acuerdo. Un baño enorme que probablemente no lo fuera tanto pero que a mí me lo parecía. Desmesurado, frío, profundo, blanco. Impoluto. Con duchas al fondo. Una hilera de canillas sobre el lavamanos largo, único. Un estante delgado sobre el lavamanos. La hilera de vasos, cepillos y dentífricos sobre el estante. Dentífricos rosados con sabor a frutilla. O blancos con tres rayas. Azul, roja, blanca. O solo blancos. Debajo del estante, debajo del lugar que ocupaba cada vaso un gancho y allí la toalla de mano con el número bordado en lugar del nombre. Las bombachas blancas, gruesas, abrigadas, del mismo algodón que las camisetas. Todo tenía el número bordado en azul en algún lado. También el cubrecamas blanco, de nido de abeja. También las servilletas. Mi madre nunca daba explicaciones, sobre casi nada. Una de sus frases inamovibles a lo largo de su vida fue: Las cosas son así y punto. Esa frase inhabilitaba preguntas, desarmaba protestas, clausuraba puertas. Las cosas son así y punto.
No sé cómo se conocieron mis padres ni cómo decidieron escapar de su país durante la terrible revolución del 56. Sé que fueron en grupo, que aquel pequeño grupo de gente acordó que si uno de ellos caía los demás tenían que seguir. Y otra cosa más. Una noche cruzando un campo vieron a lo lejos una casa iluminada, algunos se acercaron a pedir algo para comer y por una ventana vieron que estaba ocupada por soldados rusos. Sé que cruzaron a Suiza y luego a algún otro lugar donde tomaron el barco que los trajo junto con el grupo de personas que escaparon con ellos. Del cruce del océano lo único que sé es una imagen que le quedó a mi madre que dijo que había días en que al barco se acercaban grupos de delfines y durante largo rato entraban y salían del agua nadando junto al barco. Eso es lo único que sé del barco, lo único que me contó del viaje, de la huida. Creo que eso es todo lo que sé del viaje. No sé las fechas, no sé qué barco, no sé quiénes fueron los compañeros de viaje.
Todas las cosas que yo imaginé de mi padre, las cosas que recuerdo, son fragmentos, como fotografías rotas. Algunas cosas que probablemente imaginé y ahora creo que son recuerdos. No tengo a quién preguntarle nada. Él murió pronto. Y mi madre siempre fue reacia a hablar como si le molestara que yo quisiera saber cosas de mi papá.
Hace unos meses alguien de allá me escribe en húngaro diciéndome Hola, cómo estás hermanita. Sé que mi padre era divorciado porque encontré la libreta del matrimonio de ellos cuando estaba desarmando la casa de mi mamá y dice que era divorciado, sé que mi padre era bastante más grande que mi mamá cosa que no me sorprende porque las parejas de mi mamá siempre fueron mucho más grandes que ella. Mi abuelo materno era mayor que mi abuela. Nadie me contó que mi papá tenía un hijo. Ni está escrito en ningún lado. Por lo que mi supuesto hermano dice, no a mí sino a mi tía, es que nació en Rusia en el 53 o 54. Cuando mi papá se fue de Hungría él tenía dos años, tres como mucho.
Me causa mucha pena. Con los días me enojo con el recuerdo de mi padre. Cómo pudo.
Alguien me dice que no juzgue. Que no sabemos cómo pasó. Él estaba divorciado ya.
Y que la guerra hace estragos.
Por qué mi teórico hermano me contacta ahora. Después de una vida entera. Tendrá setenta, setenta y un años. Porque ahora. El contacto es breve a través de mi tía.
Mi pregunta es cómo nadie me contó. Mi mamá. Por qué nunca me dijo. Por qué mi papá se fue.
Cómo es que mi papá lo dejó. No puedo soportar esa idea. Una época complicada, la guerra, hay que saber, supongo, pero me pasó algo como…, no sé. Como si la imagen de mi papá se hubiese resquebrajado, como si se hubiese caído su foto y se hubiese roto el vidrio. Cómo era mi papá, quién era. ¿Lamentaba haber dejado ahí un hijo, se iba a poner con él en contacto, iba a ayudarlo de alguna manera? No sé. Quién era la mujer de él. Lo que no entiendo es cómo mi madre pudo callarse eso toda la vida, cómo puede ser eso, no sé, nunca lo voy a entender.
Katy H. (2024)
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