sábado, 8 de octubre de 2022

Otra de la luna llena

 Anoche la luna llena se cayó desde el techo de mi vecino. Había un viento horrible. Nos costó un montón volver a ponerla en su lugar. Hubo que traer una escalera bastante bastante larga que nadie tenía. Mi vecino, que se llama Paco, estaba despotricando; sobre todo porque la esposa se puso histérica, la luna le había aplastado el ficus y no sé qué otra cosa más dijo. Y se la agarró con él. Dice que esto pasa porque él le da demasiada confianza, y entonces la luna, ya vemos: se toma de la mano y del codo y del brazo. 
Yo no sé qué le da a la luna por andar paseándose por nuestros techos teniendo todo el espacio exterior a su disposición; no es la primera vez que la veo. A veces está como distraída, orbitando por ahí, como corresponde a una luna, y otras veces se pone pesada como anoche, para colmo con ese viento qué había, y va que se cae en el jardín. Y el hueco que hizo. 
Igual es lindo verla, siempre. Cuando ilumina como un faro, así como ayer que nos iluminó todo el jardín es muy bonito, pero eso de que dos por tres ande cayéndose de acá para allá, francamente, yo no sé. Un día va a caerse y no va a haber nadie para levantarla. Ahí te quiero ver. 

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