viernes, 20 de enero de 2023

Estrategias


Es mitad de semana, última hora de la tarde. En la sala  somos pocos, no más de veinte. Asientos preestablecidos, entradas numeradas. H9-H10. Distancias prudenciales. Parejas solitarias, apenas dos  traen consigo un hijo cada una, algunas personas, aquí y allá,   sentadas, solas, y un grupo de cuatro amigas que hablan y ríen al mismo tiempo. Gente más o menos de nuestra edad. Algunos llevan barbijo.  Observo el salón entero antes de sentarme. No quiero tocar nada. Me viene a la cabeza una escena de películas bélicas, una gran mesa donde se distribuyen los contrincantes y los aliados. Inspecciono el asiento, antes de sentarme, como si pudiera encontrar allí algún instructivo, una advertencia, un último consejo. Estamos en el cine esperando que comience la película. Yo no quería venir, pero él insistió tanto. Es  un sitio cerrado. Lo peor ya pasó, dijo.  

Mantenemos la distancia entre las personas, nos distribuímos en los asientos como en las cuadrículas de  una batalla naval. La luz es amable, muy suave, un poco cansina. Una luz parpadea. El farol está en la pared lateral apenas atrás de donde estamos sentados. Enseguida son dos  las luces que parpadean. Me obliga a entrecerrar los ojos como si fuese miope. Es tan  molesto. Espero que la película empiece pronto y apaguen las lucecitas. 

En nuestra fila un hombre empieza a toser. Tose y vuelve a toser.  Intercambiamos miradas fugaces. ¿Tose? Un lenguaje de cejas arqueadas y señalamiento con pupilas. Un lenguaje de señas inventado.  ¿Conviene que cambiemos de  asiento? Cuando empiece la película. ¿Trajiste tu barbijo? ¿Uso el spray con alcohol? ¿Esa tos es de fumador? La tos mengua. Desaparece. Ahora no se debe toser; despierta las peores sospechas. Se atenúan las suaves luces de la sala, de a poco, en forma gradual. De pronto, se enciende la pantalla y como una ola gigantesca nos engulle una secuencia de colores y sonidos estridentes. Una voz femenina protesta, Nos van a matar de un susto. El hombre empieza a toser otra vez. Se detiene en la segunda tos. 

En la penumbra,  de a pares o en grupos separados, cambiamos de ubicación. Nos desplazamos recogiéndonos para no obstaculizar la visión de la pantalla. En la penumbra del cine nos movemos. Dos filas arriba al centro, una más abajo, cuatro hacia un costado, dos arriba del todo, dos en primera fila y así. Hay que dejar lugares libres entre nosotros, al menos uno. Vamos desplegando estrategias. Me quedo atenta. La iluminación es escasa. Observo, cómo quedamos. 

Alguien dice: No vale cambiar los lugares asignados, es trampa. Estamos bien distribuídos. Todo el movimiento se aquieta.  Ya nadie más se mueve. 

En cualquier momento alguien que no vemos dirá, D7,  la voz del acomodador señalará, Hundido.




Katy Herendi
enero 2023





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Nos vemos.

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